Y tú, ¿eres Solterísima o Solterona?

Viajemos por un momento en el tiempo y situémonos en la época victoriana en un de esos bailes de presentación en sociedad de las jóvenes casaderas, señoritas elegantemente vestidas cuya única obsesión es la de encontrar un marido, tener muchos hijos y cumplir con las obligaciones de la buena esposa.  

Una época en donde si a la veintena estabas soltera eras una pobre desgraciada que iba a quedarse para criar malvas y a la que, muchos designarían como…“esa pobre solterona”.

orgullo-y-prejuicio

Varios siglos y movimientos feministas despúes las cosas parecen haber cambiado para esas solteronas que ahora parecen ser el nuevo rol de mujer a seguir, independiente y sobradamente preparada.

Así es, vivimos en los tiempos del empoderamiento femenino, un nuevo modelo de mujer mira de reojo a aquellas féminas antirevilucionarias de la época de Jane Austen con más orgullo que prejuicio y se regodea en su perpetuo estado de solterísimas, porque sí, ahora eso de solterona ya no se lleva, ahora lo último es ser la solterísima de la pandilla.

Y es que la soltería se ha convertido en un preciado tesoro que nadie parece querer soltar, no estar disponible emocionalemente es lo que se lleva ahora o…¿puede que no?.

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No hace mucho que un vídeo titulado 35 años y soltera se hizo viral cuando un editor de The New york Times le echó el ojo al ver en el una estupenda historia. La historia de Paula Schargorodsky, una solterísima cineasta argentina de nada menos que 35 añitos, (sí, lo has oído bien, 35 años y soltera).

En su corto documental Paula repasa sus pasadas relaciones sentimentales y reflexiona sobre esto de estar soltera una vez que llegas a los 30.

Sin duda, el enorme éxito de su vídeo parece recordarnos que esto de la soltería sigue siendo un tema candente, la diferencia es que hemos pasado de solteronas a solterísimas sin darnos cuenta de los peligros que se esconden en los extremos.

Así es, en la época del indivisualismo parece que ser el soltero de oro es maravilloso, y lo del compromismo, una especie de epidemia de la que líbrese quién pueda.

Sin embargo, ya nadie lee la letra pequeña, esa en la que el resto de tus amigos empiezan a casarse y tener hijos y tú te quedas solo, o lo que es lo mismo solterón o solterona.

Entonces, desafortundamente y, casi sin enterarte cómo, de ser la solterísima cool pasas a ser esa que no sienta la cabeza y aquella palabra tan anticuada y manida…esa que suena a otra época empieza a deslizarse por tu mente sonando con estridencia sin dejarte pegar ojo “solterona, solterona

novias

Porque sí, dudas, empiezas a dudar de toda y cada una de tus decisiones.  Y es que puede que tú también quieras sentar la cabeza, puede que tú también quieras formar una familia y, casi sin darte cuenta, te ves desesperada por encontrar el novio perfecto.

Así que tiras de agenda y compruebas la disponibilidad de todas tus antiguas parejas y/o rolletes y, una vez que has comprobado lo mala idea que es recurrir a relaciones pasadas, te pasas a las nuevas tecnologías y es que con todas las aplicaciones que hay… ¡cómo no vas a encontrar el amor de tu vida, con lo fácil que te lo pone Internet!

Y, sin darte ni cuenta, empiezas a caer en todas y cada una de las trampas de ese estado de perpetua búsqueda, y no es hasta miles de citas fallidas después, cuando te das cuenta que el problema no está tanto en encontrar al novio perfecto, como en que eres tú la que te has perdido en el camino, así es, tú ya no eres, para nada, la novia perfecta.

En realidad, te has convertido en esa desesperada solterona que recién ha estrenado los 30 y está loca por encontrar joven casadero. Vaya, sí, volvemos a nuestra época favorita, somos una Elisabeth Bennet con cuenta en Tinder y Alquila un Tío.

Ya no recuerdas que no hace tanto, palabras como soltera o casada no eran más que “estados civiles” que te la traían al pairo, pero ahora, por alguna mágica y misteriosa razón, parece que has pasado a confundirlos con estados que te definen.

De algún modo, esas palabras hacen que olvides algo que a los veinte parecías tener muy claro, y es que el amor no es tanto algo que se busca, sino más bien algo que te encuentra, algo que construyes y, sobretodo, es algo que eres.

Así, aceptar cada momento y lo que te puede aportar para  mejorar, para encontrar tu bienestar sea cuál sea la fórmula empieza a ser tu nueva búsqueda. 

Y sí, la biología apremia (más a los 30 que a los 20 eso es innegable), pero la decisión de formar una familia, al final, es algo que te llega o no, no es tanto algo que te defina y, definitivamente no es algo que signifique que no merezcas ser amado o que te vayas a quedar solo para siempre.

Esa soledad es más bien una oportunidad porque (manuales de autoayuda aparte), el amor más importante empieza siempre en uno mismo, esto lo decían Buda, mi madre y la vecina del quinto, una abuelita muy tierna y entrañable que ha vivido una guerra y criado a cinco hijos, tres nietos y dos perros.

Al final, quién sabe…puede que en un par de cientos o miles de años nuestro idioma ya no  contemple los estados civiles como soltera o casada porque el único estado posible es el de estar bien, feliz como una perdiz, vaya…eso sí, habrá aplicaciones para esto..eso seguro.

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